Paisaje
Paisaje
Se ha dormido la tarde serena sobre el monte;
los músicos alados, cesaron de cantar.
Se muere el sol tiñendo de rojo el horizonte,
y una esquila lejana, se oye lenta sonar.
Se recorta a lo lejos de un carro la silueta,
del que tiran dos bueyes en lento caminar;
se escucha melodiosa, cual canto de poeta,
la voz de una zagala que comienza a cantar.
Es la hora en que el alma se eleva a las regiones
sublimes del ensueño: hora crepuscular;
hora apacible y bella, en que los corazones
se convierten en niños, y sólo hacen soñar.
Ya la noche desciende sobre el valle dormido:
poco a poco aparecen en la bóveda azul,
refulgentes y bellos, soles desconocidos,
como puntos pegados en un manto de tul.
La tarde ya se ha muerto reclinada en la noche;
la campana el “Angelus” dejó ya de tocar;
en el cristal del río la luna se retrata
y yo siento unas ganas inmensas de llorar.
